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Somos lo que falta

Somos lo que falta

El subsuelo de la patria sublevado. Fe y lucha siempre van juntas.

No cabe dudas de que en nuestro país, el 17 de octubre de 1945 marcó la irrupción definitiva en la historia, como un actor social determinante, de los trabajadores organizados. Su poder y grado de participación fue distinto según los gobiernos que tuviéramos los argentinos, pero sin duda el sindicalismo y los trabajadores fueron desde esa fecha un actor central en la política nacional.

Si bien puede parecer aventurado y hasta exagerado, me animaría a manifestar que a partir del 7 de agosto de 2016, en una nueva recordación del Santo del Trabajo, los trabajadores no formales han pasado a constituirse en un dato imprescindible de la política nacional.

Si el 17 de octubre fue al decir de Raúl Scalabrini Ortiz, la manifestación del“subsuelo de la patria sublevado”, me aventuro a manifestar que hoy ha aparecido lo que estaba más en el fondo de ese subsuelo, los trabajadores excluidos, informales, “en negro”, etc., (los “descartables” en los términos del papa Francisco).

Los carteles de la CTEP (Confederación de Trabajadores de la Economía Popular) afirmaban “Somos lo que falta”, no dudo en destacar que observando lo que “entra” en el Estado, en la política, en los sindicatos, en gran parte de las estructuras de la Iglesia, este sector “informal” de la Argentina es lo que falta. Sin dudas está, pero para los que deciden está afuera, falta.

San Cayetano:

Desde la 8 de la mañana comenzaron a congregarse columnas de peregrinantes, familias, pequeños grupos, tipos sueltos, entre los que estaban algunos dirigentes políticos (desde Zaffaroni hasta Taiana), etc., para bendecir en la persona del obispo auxiliar de la Ciudad de Bs. As., junto a nuestros amigos el padre Eduardo, párroco del santuario de San Cayetano y el padre Farrrel (Misioneros), a todos los presentes. Luego de ello los concurrentes se encolumnaron detrás de las imágenes de la Virgen María y de San Cayetano. A la cabeza de la marcha hacia la plaza se encontraban nuestros compañeros de la agrupación Compromiso Padre Mugica y los Misioneros de Francisco, ubicándose luego el resto de las organizaciones políticas y sociales participantes. La columna partió ocupando unas 5 cuadras de gente, realizando en el camino varias paradas donde se fueron incorporando diversos grupos de manifestantes para transformarse en una multitud al llegar a la avenida 9 de julio y luego a la propia plaza.


La plaza

En ésta se veían elegantes señoras de clase media-media, integrantes de la clase media baja, trabajadores formales y muchos informales (manteros, cartoneros, cooperativistas, vendedores ambulantes, etc., etc.), había desde blanquitos “puros” hasta morochos-morochos, pasando por todo el mestizaje, lo mismo que por sus orígenes, había criollos, hijos de gringos de todos los colores (“tanos”, “gallegos”, “rusos”, “turcos”, etc.) y  rostros “achinados” que denotaban su origen en los más diversos lugares de nuestra patria, junto a comunidades de los países vecinos.

Había “sesentistas” del Cordobazo y otras luchas de aquellas épocas, “setentistas” que habían vivado al Gral. Perón en esa plaza,  resistentes que en los 80 habían tenido a Ubaldini como máxima expresión pública, variantes de “ochentistas” que vivaron el regreso a la democracia (formal pero democracia al fin), como quienes habían formado parte de los nacimientos del MTA y CTA (núcleos gremiales resistentes a los dialoguistas, en aclaración para los jóvenes) y que habían perdurado en sus luchas en los 90, momento en que aparecieron todos los que quedaron afuera en esa década, tiempo de nacimiento de la exclusión masiva, para llegar a los que en la última década fueron kirchneristas y antikirneristas, todos juntos, ahora pues -con independencia de pensar de que en esa década hayamos estado bien o mal-  lo que no cabe duda es de que ahora estamos mucho peor.

Pero el núcleo dominante en la presencia en la plaza eran los expulsados de la Argentina de Macri (los viejos expulsados que hoy están peor y los nuevos, aportados por los más de 150.000 trabadores formales que han quedado desocupados y los varios cientos de miles de trabajadores no formales cuya exclusión se ha profundizado considerablemente en estos 8 meses de neoliberalismo brutal.

Llena la plaza  (estaba vallada desde la mitad) se agregaba por lo menos una cuadra y media por avenida de Mayo y por las dos diagonales, que mostraban la presencia de varias decenas de miles de personas.
Luego vinieron las exposiciones, que fueron cerradas por la de Esteban “el gringo” Castro, Secretario General de la CTEP, quien comenzó su mensaje pidiendo un aplauso para los pibes que quieren apartarse de la droga que esclaviza y luego de manifestarse devoto de la Virgen, recordó las luchas de las últimas décadas, reclamando la unidad de los trabajadores, de los formales y de los de la economía popular, destacando que “fe y lucha” han ido de la mano a lo largo de la historia.

El evento unió la vieja consigna acuñada en el santuario de San Cayetano en los 90: Paz, Pan y Trabajo, con la lanzada por el papa Francisco de Tierra, Techo y Trabajo, y puso en el centro de la escena a las periferias. No cabe duda de que hay una nueva realidad en la Argentina, que aflora en lo político y en lo social y que debe hacerlo en la Iglesia y en la distribución de la riqueza.

Quiera la Providencia que esto sea posible.

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